13:30. Contemplo los rascacielos alrededor de la plaza de la gente. Recibo una llamada, la voz de una mujer me pide que nos veamos a las 14:00 en la salida C de la estación de la Avenida Centenario. Se que no tengo opción mas que seguir sus instrucciones, he sido advertido de su llamada.
14:01. Llego a la estación. Veo a mi contacto y la saludo. Me lleva a comer y mientras tanto me explica que tenemos que contactar a un local que nos estará esperando fuera de un edificio. Después, tendré que seguirlo sin cuestionamientos.
15:00. El momento ha llegado, a partir de ahora soy incapaz de sostener conversación con mi guía.
17:45. El autobús se detiene. El hombre sentado frente a mi me hace una seña con la que me indica que baje del autobús y me señala un letrero fuera del autobús. Reconozco el carácter de Zhejiang. Bajo y me guía al baño. Acto seguido me ofrece un cigarro, el cual rechazo amablemente. Estoy un poco confundido, pero confío en que estaré bien. No entiendo lo que la gente a mi alrededor dice y no se si ya llegué al lugar que voy. El hombre me hace una seña para que suba de nuevo al autobús, supongo que no tengo opción mas que confiar y esperar.
Salí por la mañana del hotel, un poco apurado por tomar el tren al aeropuerto. Intento hacer check-in en la ciudad, pero me dicen en la fila que es un poco tarde para hacer check-in en el tren. Así que es tiempo de volar y llegar lo antes posible a la terminal de Hong Kong. Mientras me alejo de la ciudad y miro los rascacielos recuerdo todo lo observado en los tres días que estuve en el sur de China. De momento se que una vez en Shanghai tengo que hacer algunas llamadas para saber que será de mi vida en los próximos días. No se porque, pero me emociona la idea de no tener la seguridad de como estará mi horario, a quién podré ver y como me las ingeniaré para llegar al pueblo de mi amigo. Creo que soy un tanto adicto a estar fuera de mi zona de confort. No hay nada que se le compare a un buen día improvisado, en el que no hay tiempo para que la mente descanse.
Aterrizo en Shanghai con la firme intensión de ver a Ricta, una amiga que es originaria de Shenzhen, tengo algunas cosas que hablar con ella así que la contacto y me dice que puede verme o después de las 5. Yo acepto y me dirijo a la Plaza de la Gente, dónde espero verla. ¡Estoy en Shanghai! El aeropuerto de Pudong alberga un experimento tecnológico y comercial que ayudo a decidir el futuro de la red de transporte terrestre en china: El tren de levitación magnética. Para los amantes de la tecnología y la ciencia ficción como yo es emocionante subirse a un tren que literalmente flota suspendido por imanes. He de confesar que no es el tren mas rápido en el que me he subido, tan solo va a 300 kilómetros por hora (lo han probado arriba de los 400, pero supongo que la distancia que recorre no amerita el gasto extra), comparado con los 320 a los que viaja el Intercity Express de Alemania. Es una pena que el gobierno chino descubriera que es mas cara esta tecnología que desarrollar su propio sistema en rieles de alta velocidad. El plan es que en los próximos años todo el país esta cubierto con trenes capaces de ir a 350km/h. Shanghai-Beijing es una de las primeras rutas, al igual que Shanghai-Shenzhen. Aún cuando no se decidió que toda la red fuera magnética, el simple hecho de la existencia de esta ruta es una muestra de que es posible la aplicación práctica y comercial de los trenes magnéticos.
La Plaza de la Gente es como un gran jardín, rodeada de rascacielos. Se encuentra en el corazón de Shanghai. Es curioso que uno de los edificios que me llaman la atención no es alto. No es particularmente alto, ni siquiera es moderno: Es una pequeña iglesia de ladrillo rojo, bien podría ser una capilla construida en Europa durante la revolución industrial. No debería de sorprenderme, Shanghai es una ciudad portuaria. Durante el siglo XIX franceses, portugueses, ingleses y estadounidenses obtuvieron concesiones para construir y administrar puertos en las orillas del Huangpo. Shanghai es una ciudad de contrastes, hace mas de un siglo que mira a occidente, tiene un barrio francés que fue completamente abandonado durante la revolución cultural. Shanghai pasó de ser un puerto abierto a occidente a ser el lugar donde nació el Partido Comunista Chino. Ha tratado de ser un ejemplo de virtud, pero también ha sido uno de los centros de vicio y decadencia del país. Es esta cultura de contrastes lo que mueve a la gente de Shanghai. En los últimos años ha habido una nueva ola de inmigrantes en Shanghai, pero no de occidente, sino del resto de China. Este es otra de las zonas con una administración especial y ha sido un lugar atractivo para los chinos de todo el país en busca de un trabajo de cuello blanco que les permita crecer. En los últimos 7 años la red del metro ha crecido de 3 a 11 líneas, lo que habla del crecimiento exponencial de la ciudad. Poco queda del legendario Shanghai tradicional, ahora es una ciudad con pocas raíces, cuna de gente que vive en Shanghai sólo porque es un lugar donde hay trabajo.
Mientras me pierdo en todos estos pensamientos mi, recibo una llamada de Shirley. El plan original es que la voy a ver en la tarde, a eso de las 6:00pm. No la he visto desde hace un año, cuando la frustración de no encontrar un trabajo decente en el Reino Unido y la añoranza de su país terminaron por llevarla de regreso a China, dónde encontró un trabajo mejor en el sector financiero, algo propio de Shanghai. Espero que la llamada me permita coordinar los tiempos para tener tiempo de ver a mis dos amigas en Shanghai.
No hay tiempo. Resulta que Shirley me espera para comer, y Ricta tiene una junta. Mi única esperanza es cambiar el orden de las visitas, pero inmediatamente después de comer nos espera el tío de Leonardo que será mi guía hasta Cixi, la ciudad dónde será la boda de mi amigo. En fin, un tanto pensativo termino por tomar el metro hacia Century Avenue. El metro no va completamente lleno, pero hay que abrirse paso entre la gente. Algo que me ha llamado mucho la atención es que en China es que si sin querer empujas a alguien, no recibes una mirada asesina.
Después de perderme en la estación del metro buscando la salida “A” encontré a Shirley. Lo primero que me preguntó es que si China me parece caótico y sucio. La respuesta para mi fue sencilla: Soy deefeño… es difícil espantarme. Fue en este momento que empezó a apretarme el paso por el poco tiempo que teníamos para encontrar al tío de Leonardo. Me preguntó que quería comer, yo le dije que estando en Shanghai debería de comer comida de Shanghai, a lo que me contestó que no le gustaba la comida cruda, parece que la comida de Shanghai es vista por los chinos como la comida mas parecida a la japonesa “todo crudo”. Así que me he quedado con las ganas de saber como es la comida tradicional de Shanghai en esta primer visita rápida y nos dirigimos a un restaurante de comida tailandesa. Finalmente es una zona comercial, dónde encuentras “malls” y comida internacional para “cualquier gusto”. El sazón no es completamente nuevo, alguna vez lo probé en un restaurante en un pequeño pueblo, famoso en irlanda por la gran variedad de restaurantes internacionales que tiene: Athlon. Claro, en Shanghai tienen mas variedad de platillos, incluso una sopa de tofu y pollo que esta de lo mejor. Desafortunadamente, no tengo idea de como prepararla.
Al terminar de comer, nos dirigimos a la esquina en la que veremos al tío de Leonardo. Tenemos un problema, Shirley y el tío de Leonardo nos e conocen, además, el tío de Leonardo no tiene un buen nivel de chino mandarín. Así que incluso estando en el mismo país se dan barreras de comunicación. No importa, es parte de la experiencia. Es parte de no tener un itinerario y dejar que la vida se vaya resolviendo por si sola. En fin, encontramos al sujeto en cuestión, no fue difícil, era la única persona con cara de “estoy buscando a alguien, y no se como reconocerlo”. Me despido de Shirley y tomamos un taxi hacia la estación de Autobuses.
Para siquiera poder entrar a la terminal de autobuses es necesario pasar tu maleta por los rayos X. Esto no es sorpresa, no lo he mencionado pero cada vez que te subes al metro, entras a un edificio público o a cualquier atracción turística, invariablemente te revisan ya sea por rayos X o esculcandote. A estas alturas ya perdí la cuenta de cuantas veces he cruzado un arco magnético. Al principio me costó acostumbrarme a pasar por tantos controles de seguridad, pero uno se acostumbra. Además, no son tan estrictos y no demoran mucho. En algún momento le pregunté a un amigo que si no eran tan estrictas,¿qué buscan?, a lo que cínicamente contestó que una AK-47 o una Magnum. En algún otro momento me dijeron que la seguridad varía según la temporada, durante los juego asiáticos en Cantón la seguridad era mas estricta y a la gente se le hacía tarde. Supongo que era lo mismo en Beijing durante las olimpiadas. Tengo tiempo de estas reflexiones mientras el señor Shijie va a comprar el boleto a Cixi y yo hago un esfuerzo por no olvidar su cara. Hasta ahora lo había seguido gracias a sus cajas de cartón, pero me las ha encargado. Finalmente tenemos los boletos, y pasamos al area de espera. El ambiente no es muy distinto a la TAPO en semana santa. Gente sentada con cajas y mochilas en la sala de espera, maquinas tragamonedas en forma de robot, gente dormida en las sillas de plástico y comida rápida empaquetada y de dudosa calidad. Además, la misma tonadita, tu du diuuuum, cada vez que van a anunciar una corrida que está a punto de partir. Con mucho trabajo entiendo los números de corrida, los lugares a los que van y el anden al que hay que dirigirse. Sin embargo, estoy seguro de que de haber estado sólo el estrés de encontrar el camión habría sido mucho mayor.
-¿Fumas?
Rechazo el cigarro
-¿Quieres agua?
Creo que inciste sobre el cigarro, así que le trato de explicar que no fumo. Acto seguido, traé una botella de té verde. Es difícil corresponder la hospitalidad sin hablar un idioma común. Sin embargo, nos entendemos, interacambiamos nombres (a pesar de que es imposible recordarlo, y me parece que es mutuo). No podemos hablar mucho, pero al menos somos capaces de ofrecernos nuestra amistad, lo cual es un alivio. No suelo confiar mi persona a otras personas, mucho menos a alguien que apenas conozco. No se si soy yo el distinto, o si la diferencia cultural sesga mi percepción de los chinos. Prácticamente todos los amigos que visité estaban todo el tiempo preocupado por que estuviera acompañado. Yo no soy muy gregario, para ser mexicano, y que me pregunten si ya se con quien voy a viajar me cuesta entenderla. No porque no entienda la pregunta, pero me cuesta entender la preocupación, viajar sólo no es necesariamente malo. Supongo que los últimos años me han forjado como un viajero completamente independiente. Si, a veces sería agradable tener con quién platicar al final del día lo que hice, o compartir momentos. Sin embargo, poder decidir que hacer con mi tiempo y que lugares visitar, que no visitar o simplemente caminar sin saber en donde voy a terminar simplemente observando el panorama y la gente, es igualmente ilustrativo. No me mal entiendan, realmente aprecio toda la ayuda que he recibido no solo en china, pero en varios de mis viajes a lugares dónde conozco gente. Es sólo que me parece curioso que la primera pregunta después de “¿A dónde vas?”, viniendo de un chino, suele ser “¿Quién va a viajar contigo?”. Decir que tienes un amigo que te espera, invariablemente sigue de un gesto de aprobación y tranquilidad. Si dices que no conoces a nadie, inmediatamente te preguntan que si no te preocupa, y empiezan a pensar en la lista de amigos y conocidos que tienen en el lugar. Si tienen un amigo cercano, no dudarán en presentarte y así ya tienes un guía local. Por otro lado, creo que es lo mismo que hacemos los mexicanos cuando tratamos de ser hospitalarios (revisar si existe la palabra…). Supongo que es algo humano. Se que a mis amigos si me piden ayuda, no dudaría en darla, sin embargo me cuesta recibirla.
En fin, finalmente tras una breve parada para ir al baño, y después de tres horas llegamos a Cixi. Bajamos dell camión, la terminal me recuerda una terminal secundaria del ADO. Un garaje no muy grande, donde apenas cabe un par de autobuses, una caja donde apenas hay una computadora emitiendo los boletos, y una sensación de anticlímax al salir del autobús y estar en el pueblo al que vas. En fin, ya en la calle nos tardamos en encontrar a Leonardo, que finalmente nos encontró. Nos estaba esperando. Yo creí que ya habíamos llegado, pero no. Primero fuimos a dejar al tío de Leonardo a su casa. Después nos dirigimos a Longshen (revisar el nombre y buscar los caracteres). El asunto es que todavía fue como una hora mas a su pueblo. Es en este momento cuando me doy cuenta que realmente estoy en un lugar un tanto remoto. Ya no estoy en la China de turistas.
Ya es un poco tarde, pero yo no he cenado. Leonardo me lleva a un restaurante de “Hot pot”, podría decirse en español algo así como “olla caliente”, traducido del inglés. Literalmente, se traduce como “Olla de las aves del amor”. (Buscar los cuatro caracteres). Los dos primeros caracteres son el masculino y femenino del pato mandarín, un ave que tradicionalmente se regalaba en bodas de las familias importantes. El tercero es fuego y el cuarto olla o vasija. Pero conocer la etimología no es tan interesante como comerlo. Esta forma de comer nunca se lleva a cabo en soledad. Básicamente consiste en que toda la comida se sirve cruda, pero hay una olla en el centro de la mesa, normalmente con dos caldos, uno picante, y uno sazonado con especias. Después, cada comensal pone con sus palillos lo que quiera comer en la olla, hay res, lengua, cerdo, lechuga, hongos silvestres (por supesto, chinos, no occidentales), tofu o prácticamente cualquier cosa. Una vez que está cocido el “ingrediente” que escogiste, lo pescas (obviamente, con tus palillos) y te lo comes. Si tienes varias cosas esperando, bien puedes ponerlos en un plato. Pero no es bien visto que reserves mucha comida, no quieres que se enfríe. Investigando un poco mas del platillo, parece ser que tiene un origen mongol, cuando los soldados cocinaban en sus cascos. Cabe mencionar que en tiempos de Ghengis Khan, los chinos fueron invadidos por los mongoles que establecieron la dinastía Yue como su gobierno “legítimo”.
En fin, ha sido un largo día, finalmente Leonardo me lleva a mi hotel. Se ve como un hotel que trata de mostrarse como lujoso, pero hay pequeños detalles que muestran que no mucha gente lo visita. Cuesta menos de 400 pesos la noche, por una habitación con dos camas matrimoniales. Nada mal. en Londres con eso obtengo una cama en un hostal compartiendo con desconocidos.


























